Búzios y Arraial do cabo

No se si existe el paraíso, pero de existir, debe parecerse ligeramente a estos lugares. Enormes playas de arena fina medio vacías, pequeñas calas desiertas y sol para todos. Yo si algún día tengo que morir, que me pille aquí.

– Búzius

La primera ciudad que visité fue Búzios, a algo menos de dos horas al este de Río de Janeiro. La ciudad se encuentra en una península y tiene nada menos que 23 playas. Se hace indispensable tener un coche para poder visitarlas todas, se alquilan allí mismo buggies por unos 80 reais.

El hostal que elegimos fue Hostal Phoneix. El hostal se encuentra a pocos metros de la playa de Geriba, una de las más grandes de la ciudad en la que es posible practicar surf. Eso sí, queda un poco lejos del centro de la ciudad para ir andando (unos 5 minutos en coche).

 

 

Es uno de los mejores hostales en los que he estado sin duda alguna. Limpio y muy bien cuidado, con un staff muy amable, un desayuno aceptable, justo al lado de la playa, con piscina y un pequeño asador, buena música y muy barato, 38 reais por noche en habitación de 6 con desayuno incluido (unos 14 euros) . Tiene un 95% en hostelworld.

 

El primer día lo pasamos en la playa de Geriba y por la noche fuimos al centro. Pese a no ser todavía temporada alta había bastante ambiente. El centro se llama das pedras, y es un laberinto de calles empedradas con cientos de bares y restaurantes, con un bonito paseo marítimo. Cuando cae la noche se empieza a animar, de hecho es muy conocido en toda la región como un destino de fiesta.

 

 

El segundo día hicimos una ruta por todas las playas y miradores de la ciudad. Como está todo rodeado de pequeñas montañas hay puntos desde donde se ve casi toda la península, merece la pena ir poco a poco. Comenzamos otra vez en la playa de Geriba, con la intención de hacer Surf. Pero el calor, la resaca y que te ves con un coco en la mano tumbado boca arriba te quita un poco las ganas.

 

 

Así que fuimos a la playa Joao Fernándes, la preferida de uno de mis amigos. Está bien, pero después de ver tantas playas uno no sabe con que quedarse. Allí pasamos buena parte de la mañana comiendo a pie de playa hasta que después de comer nos decidimos a ir por las demás playas y miradores. Joao Fernandinho (será el primo del anterior, o algo…), brava, olho do buei, forno, foca, ferradura y finalmente al otro lado praia da tartaruga y manguinhos.

Sin duda la más bonita para mí Praia Brava, que se encuentra en un cabo y está prácticamente desierta. La Praia da Ferradura es otra de las más bonitas, hay más gente que en Praia Brava, con algunos chiringuitos, pero el atardecer allí es muy bonito. La playa tiene más de un kilómetro en forma de herradura, el único problema es que estaba tan atento al atardecer que se me olvidó echarle foto a la playa, pero es impresionante. Va desde donde empieza la foto hasta justo enfrente.

 

 

Para terminar fuimos a playa de la Tartaruga, otra de las más bonitas.

En definitiva, es una ciudad en la que puedes encontrar marcha y playas desiertas a partes iguales. El único problema que es muy turística y en verano debe haber muchísima gente. Otra cosa curiosa es que está llena de argentinos, hasta el punto que ha veces escuchas más español que portugués.

 

– Arraial do cabo:

A unos 10 minutos en coche hacía el sur se encuentra Arrial do cabo. Es una ciudad menos turística que Búzius y por eso todos los brasileños dicen que es mucho más bonito. Puede ser, pero sobre todo el encanto es que la ciudad es mucho más rural y las playas son más bohemias, menos masificadas y más paradisíacas.

Nada más entrar a la ciudad está la playa do Pontal, que para estar en medio de la ciudad es maravillosa. Pero el principal atractiva de la ciudad es coger un barquito (por unos 12 euros) que sale del puerto de la playa dos Anjos y te lleva por las inmediaciones de Arrial do cabo hasta Ilha do Cabo frío. El trayecto dura unas 4 horas con paradas en la playa do Farol, las prainhas y el restaurante flotante.

La primera parada es en la Praia do Farol, en la isla de Cabo Frío, enfrente Arraial do Cabo. El patrón del barco repitió como un millón de veces que es la mejor playa del mundo, que se ha llevado nosecuantos años el premio a la mejor playa de Sudamérica y que no sabíamos cuan afortunados éramos, y cuan afortunado es él por vivir ahí, tener tres barcos y ganar dinero a nuestra costa.

La verdad que la playuca no está mal. Más que nada porque está completamente desierta ya que sólo se puede acceder en barco. Es un gustazo estar ahí sólo con los 12 que íbamos en el barco. Agua turquesa, arena blanca y nadie que te moleste. Estamos hablando de una playa de 700 para ti sólo prácticamente. Incluso en el google maps se puede apreciar que en esa zona el agua clarea y se coge tonos turquesas.

 

Salimos de allí para cruzar a mar abierto, justo en al salir se puede observar un cortado impresionante en la roca, y a la derecha, en la puerta al mar, una “cara de un mono”. En mar abierto, se rodea durante unos minutos la isla de Cabo Frío, viendo varías grutas. El problema es que ahora no se permite a los barcos entrar, una verdadera pena.

Un poco más allá se puede observar un enorme agujero en la montaña. Según el patrón es un meteorito que cayó hace nosecuanto. Al principio le quise discutir, pero mi portugués da para poco más que comprar el pan, y hay que reconocer que es bonito creer que allí metió un pepinazo un meteorito y dejó ese agujero, independientemente de que sea verdad o no.

 

Volvimos otra vez al espacio entre las islas, esta vez a as prainhas. La playa es un poco peor que la anterior, principalmente porque tiene acceso desde el pueblo y hay más gente. No mucha. A cambio de eso te venden cerveza. Una cosa por la otra.

 

 

 

A la vuelta el barco para en un restaurante flotante, que para ser parada obligatoria no es muy caro. Una vez en tierra firme fuimos a la playa fuimos andando por un trilha hasta la Playa do Forno, por insistencia del brasileño que decía que era la mejor playa del mundo (ay se me dieran un real por cada vez que escuché eso).

 

Vistas desde la trila de praia do forno

La playa impresionante, pero lo mejor las vistas desde la trilha. Estaba atardeciendo y había allí tres personas, es decir, nosotros solos. Imprescindible

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