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Los secretos de Montmartre

Montmartre es el barrio más famoso y pintoresco de París. Sin duda es obligatorio dirigirnos a él si vamos de viaje a la capital francesa. Pero para sacar un poco la esencia del barrio hay que ir un poco más lejos de la típica visita del turista con prisas que va poco más allá de la foto en el Moulin Rouge y la plaza de los pintores.

Antes de visitar París, recomiendo echar un vistazo a varias películas del cine francés, así a la vez que vas caminando por las distintas calles de la ciudad vas recordando escenas, edificios y lugares, lo que hace mucho más agradable la visita. Por ejemplo, si vas a visitar el museo Orsay, puede ser interesante ver antes la película “El proceso” de Orson Welles, donde la antigua estación Gare D’Orsay sale en repetidas ocasiones.

Por ello, antes de ir a Montmartre no estaría de más ver Amélie, una de las películas francesas actuales más internacionales, que está rodada casi por completo en Montmartre. Hay varios tours por la zona que van siguiendo los pasos de Amélie en la película, pero tampoco hay que ponerse tan extremo, con ver la película y empaparse un poco de la atmósfera parisina con la música de fondo de Yann Tierssen e ir reconociendo algunos lugares es más que suficiente.

La visita a Montmatre puede comenzar en dos lugares, en la estación de Abesses, al pie del funicular, o en la estación de Blanche, que se encuentra justo enfrente del Moulin Rouge. Aviso para despistados, el Moulin Rouge no tiene nada, es pequeño, y probablemente te decepcionará como a tantos otros turistas. Está bien pasar, hacerse la típica foto, mirar los precios de los espectáculos y darse la vuelta asustado, pero tampoco tiene mucho que ver.

Ya que estamos en el Moulin Rouge, vamos a adentrarnos un poco en Montmatre, aspirar la esencia del famoso barrio dando un paseo cuesta arriba por Rue Lepic. Esta calle esconde varios secretos, nada más comenzar, al número 15, el café Des 2 Moulins, que es al cafetería donde trabaja Amelie en la película. 

A lo largo del barrio y en concreto de esta calle han vivido varias celebridades francesas, la más destacable sin duda Van Gogh, como recuerda la placa que se encuentra en el número 54. Hacia el final de la calle, en el número 94 vivió Céline, pero antes de llegar allí nos encontramos con una pequeña sorpresa, el Moulin de la Galette. Este molino data del siglo XVII (en realidad había dos molinos en ese lugar Blute-fin y Radet) y se utilizaba para moler grano. Más tarde se utilizo como sala de baile incluso como estudio de grabación. Ahora mismo es un restaurante, si a alguien le interesa, se puede comer en un lugar tan emblemático por 23 euros el menú del día.

El molino también es famoso por varios cuadros, siendo el más conocido Bal du moulin de la Galette de Renoir.

Siguiendo nuestro recorrido, podemos girar hacia la izquierda justo a la altura del molino, y a la derecha vemos una original escultura.  Le Passe-muraille y representa lo que el mismo nombre dice, un hombre atravesando un muro. Resulta que Marcel Aymé fue un escritor francés que vivió allí mismo (y está enterrado allí mismo, en el cementerio de Montmartre). Como homenaje a su novela del mismo nombre, se hizo esta curiosa escultura y se instaló en este lugar. La historia sobre la que trata el cuento versa sobre un pobre y aburrido hombre que está harto de que los muros se le interpongan siempre en las metas de su vida. A partir de ahí se da cuenta de que tiene el poder de atravesar paredes…

Llegados a este punto una buena opción es continuar por Rue Girandon (siguiendo recto viniendo del molino) hasta llegar a la plaza Dalida, en la que podemos ver una estatua de la famosa cantante y actriz de origen Egipcio, conocida por ser una celebridad en Francia y la primera mujer en conseguir un disco de diamante.

Giramos a la derecha por la calle rue de l’Abreuvoir hasta una casita restaurante de nombre la Maison Rose, inmortalizada en una pintura de Utrillo. Toda la calle hasta lo que es ahora un restaurante, tiene el típico aire bucólico y bohemio que tanto se molesta en recordarnos París y sus artistas y que ahora desgraciadamente a perdido en gran medida. Ahora tenemos que girar hacia la izquierda y veremos la famosa viña de Montmartre que recuerda, así como los molinos, la actividad que había en el barrio antaño.

Si seguimos un poquito hacia adelante, veremos el primer el primer cabaret de París, el Lapin Agile, el conejo ágil, nombre que viene del famoso conejo que está en la fachada, pintado por Gil, y de ahí el nombre derivo… no piensen mal. Cómo muchas de las cosas que podemos encontrar en este barrio bohemio, el cabaret fue frecuentado por muchos artista que vivieron allí, los cuales ya se han nombrado en este post.

Para ir terminando la visita, podemos ir directamente a la Iglesia, pero igual antes deberíamos volver sobre nuestros pasos y echar un vistazo a la bucólica plaza Place Emile Goudeau, donde se encuentra el icónico Bauteau Lavoir. Aquí podemos sentarnos un rato a descansar, tomarnos un café y respirar el ambiente parisino.

Ahora sí, nos dirigimos a la plaza Place du Tertre, el sitio más famoso de Montmatre de no ser por la basílica. En esta plaza cuadrada es donde se amontonan la mayoría de los turistas. En ella nos pueden hacer una caricatura o un retrato, ya que en la plaza se encuentran decenas de artistas de todos los tipos. Cuidado con los que te recortan la silueta en un folio, que la broma sale por 20 euros. Si alguien se atreve a tomarse un café aquí, bien por él, pero lo mejor será seguir nuestro camino hasta la Basílica del Sacre Cœur de Montmartre, siguiendo por las callejuelas llenas de tiendas de souvenirs, restaurantes, cafés y panaderías.

La iglesia  de verdad, es más bonita desde cualquier parte de París, ya que se ve majestuosa elevada en la montaña, una mole blanca imponente que gobierna la ciudad. Es relativamente nueva (1873) por lo que no tiene demasiado valor como tal, aunque no está de más echarle un vistazo por dentro, que es bonita.

Prepárate para sonreír porque saldrás en más de una foto. Ahora nos toca ir bajando la gran escalinata que nos llevará otra vez a la ciudad de París. La verdad que las escaleras son muy cinematográficas y es bonito contemplar desde abajo las líneas que van trazando hasta encontrarse en la basílica. Si sale un día soleado, prepárate para unas buenas fotos y pasar del funicular.

Vistas desde Montmartre. Foto de Saiagar

Las vistas de la ciudad que hay desde aquí arriba son preciosas, siempre y cuando nos salga un día despejado. Por la noche queda muy bonito como se ve la torre Eiffel encendida a lo lejos.

Si todavía no estas cansado de Montmartre, puedes echarle un vistazo a su famoso cementerio, en el que hay enterradas personas famosas como la anteriormente mencionada Dalida o Fucault. No es tan famoso ni hay tantas celebridades como en el cementerio de Père Lachaise donde está enterrado por ejemplo Jim Morrison.

Ah, y antes de irte, puedes pasar por la estación de Abesses, justo en la entrada del metro, entrando en un pequeño parque, hay un muro de azulejos azules donde podemos ver escrito te quiero en 300 idiomas. El muro no tiene más, pero es curioso echarle un vistazo a todas las maneras que tenemos los humanos de escribir las dos palabras mágicas. Además, seguro que te lleva un rato encontrarlo en castellano.

*Un extra. Detrás de la iglesia (la rodeamos y llegamos a ellas), hay unas escaleras, que según pude leer en un par de blogs, esconden una bonita obra de arte, de la que desgraciadamente no pude ser partícipe. A ambos lados de la escaleras hay puestas en el suelo unas pequeñas luces que se supone que están colocadas de tal manera que al brillar, podemos ver las estrellas que se ven el uno de Enero a las diez de la noche en el lado derecho, y para el lado izquierdo las de las del uno de Julio. ¿Problema? Allí no se veía nada, porque se supone que uno, están formadas por fibra óptica y hay que meter luz por algún lado que desconozco o dos, se encienden mágicamente. He leído cosas diferentes en diferentes lugares, si alguien va por allí de noche, ya sabe 🙂

** Las fotos son mías (menos las que se indica lo contrario). Podéis sentiros libres de utilizarlas.

 

Las Catacumbas de París

París no es solo la torre Eiffel, ni mucho menos. No es solo la Sorbona, el Louvre y Montmartre. Debajo de París hay otra París si cabe más interesante. Es la conocida como la París subterránea. Como si ya tuviera la ciudad pocos encantos. Hoy hablaremos de las Catacumbas de París.

Existen cientos de kilómetros de galerías bajo el suelo de la capital francesa. Hay datos que hablan de más de 500km de túneles, si bien solo las catacumbas están compuestos de casi 300km. Claro está, no se pueden visitar la mayoría. Si cabe, el lugar más famoso de todo este subParís son las catacumbas, pero hay otros puntos interesantes, como la cripta que se encuentra debajo de la columna de Julio en la Bastilla, donde están enterrados los cuerpos de los fallecidos en las revoluciones francesas de mediados del siglo XIX.  Aunque también existen otras criptas y templos en el subsuelo de París que se utilizaron como centro de ritos cristianos.

También hay un refugio bajo la Sorbona, que utilizó la resistencia francesa junto al resto de conductos para organizarse, escapar y atacar, incluso se dice que los alemanes utilizaron las propias catacumbas como un bunker. Hay otro bunker debajo de la estación Gare de l’Est, así como muchos otros abandonados con el paso de los años.

Una visita interesante que se puede hacer es visitar las alcantarillas, hay visitas guiadas, comienzan en la place de la Resistance, enfrente del Pont de l’Alma, y aunque la visita pueda parecer un poco “asquerosa”, seguro que merece la pena el esfuerzo.

¿Y por qué hay tantos túneles, galerías y canteras en el subsuelo de parís? Pues la respuesta es sencilla, una gran cantidad de las construcciones de la ciudad se hicieron con los materiales que se iban sacando. Tanto es así que hay lugares un tanto inestables, sobre todo en Montmartre, donde se han reforzado edificios por peligro a que se derrumben.

Hay tantos que una moda/leyenda recorre la ciudad. Son muchos los jóvenes que son cazados por las autoridades mientras viven emociones fuertes recorriendo y descubriendo los pasadizos secretos que inundan la ciudad. Eso sí, está prohibido, y te llevas una bonita multa a casa.

 

 

 

 

–          Las catacumbas:

A finales del siglo XVIII las condiciones higiénicas de los cementerios de París eran un poco lamentables, tanto que amenazaban la salud público. Por eso se decidió exhumar y trasladar los restos de los muchos y muy concurridos cementerios de París hasta este punto, una antigua cantera abandonada y sus túneles.

Desde abril de 1786 y hasta 1788, tras las pertinentes bendiciones del lugar y de los huesos, que eran siempre acompañados por sacerdotes y transportados de noche para no asustar a los ciudadanos, se trasladaron todos los huesos desde el cementerio de los inocentes. Unos años después se habilita el lugar para que pueda ser visitado por el público. Pero aquí no termina todo, hasta 1860 se continuaría llevando restos de diversos cementerios de París hasta llegar a los  6 o 7 millones de huesos.

 

 

Calaveras colocadas en forma de cruz

 

 Bueno, ya estamos entrando a las catacumbas de París. Bajamos los 130 escalones que nos hacen introducirnos 20 metros en el subsuelo de París. Tenemos que estar preparados, porque aunque no da un miedo excesivo, si impone la situación un poco. Ya avisan, ni niños menores de 14 años ni personas con claustrofobia.

Las catacumbas nos dan la bienvenida: «Detente, éste es el imperio de la muerte» Agradable, ¿no? Por ahora no hay muchos “muertos”. De los casi 2km que ocupa el recorrido, solamente 800 están ocupados por el osario. Caminaremos por unos túneles con más que una curiosidad, la primera, una reproducción de la fortaleza de Mahon, en Menorca, por un antiguo veterano francés prisionero de los ingleses. Siguiendo encontramos una fuente y una cripta.

Fortaleza de Mahón

A continuación entramos ya en el osario propiamente dicho. Se empiezan a oír los primeros ohhh. Y es que los huesos no están puestos de cualquier manera. Se colocaron de manera “artística”, artísticamente macabra, apiladas tibias con tibias, calaveras haciendo formas de cruces, tibias cruzadas en plan bandera pirata, etc.

Además hay varios “monumentos”. Encontramos un sarcófago que contiene un libro de versos “Tombeau dit de Gilbert”, una lámpara sepulcral dónde se encendía una llama, una lápida, o la “cripta de la pasión” un pilar cubierto por calaveras y tibias en forma de barril, dónde se celebró una fiesta de burgueses y artistas parisinos en 1897. ¿He dicho fiesta macabra?

Y ya salimos. La visita dura algo menos de una hora. Subimos otros 80 escalones, pasamos un pequeño registro de bolos y mochilas (por si pensabas llevarte algo de recuerdo, no ibas a ser el primero), y respiramos el aire de vida de la calle, dejando la muerte tras nuestros talones.

Horario y precios de las catacumbas de París:

Todos los días de 10h a 17h, excepto lunes y festivos.

Cierre de las taquillas a las 16h. 

8 Euros, 6 reducida para jóvenes menores de 26 años.

¿Cómo llegar a las catacumbas? Es muy fácil llegar, con Metro y RER B, parada Denfert-Rochereau, es muy fácil encontrarlo porque está justo enfrente de la salida del metro.

 

Tibias y calaveras de forma siniestra

Cuidado, porque aunque no es muy visitado, habrá cola casi seguro, y mucha. Ya que dejan permanecer muy pocas personas en el interior y la cola avanza muy despacio. Intenta ir pronto y ahorrarte la cola. Hay que tener en cuenta que aunque el museo cierra a las 17, la entrada se cierra a las 16, no vaya a ser que hagas dos o tres horas de espera y después no puedas entrar.

P.D.: Las imágenes de las que no se indica el autor son mías.