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Fin de semana en Oporto


Oporto es sin duda una ciudad con mucho encanto. Es un destino turístico muy recomendable por su proximidad a España y por sus precios bajos. Puedes escaparte un fin de semana o un puente y disfrutar completamente de la ciudad, ya que su tamaño es bastante reducido.

Antes de nada decir que parte de su encanto se debe a su decadencia. Caminar por las calles del centro, patrimonio de la humanidad, es una experiencia no sólo turística, sino también temporal. Cientos de edificios antiguos, muchos de ellos en un estado deplorable y sin ningún tipo de mantenimiento, abandonados a su suerte y con el paso del tiempo golpeándonos cada año, mientras la ciudad avanza en un contraste curioso. Todo ello sumado a la crisis de Portugal, bastante profunda, que también ha golpeado a Oporto, dejando decenas de comercios cerrados y un centro urbano digno de película postapocalíptica.

Basta con mirar el censo de Oporto y comprobar que en los últimos 20 años ha perdido alrededor de 60.000 mil habitantes. Todo ello sumado a un cuidado mediocre por parte de las autoridades, con edificios tapiados en pleno centro histórico, ventanas rotas, paredes más negras que el cabrón en muchos monumentos, etc.

Vale, ya hemos hablado mal de Oporto. Pues con todo ello, es una de mis ciudades favoritas y sin duda alguna recomiendo su visita. Y parece que no soy el único, un amigo de Rio de Janeiro, su sueño es vivir en Oporto. Algo tendrá. Algo tiene.

Seguramente el principal reclamo de Oporto es el puente Luis I, construido por Eiffel, si, el mismo que el de la torre de París. De hecho es muy parecido a la torre Eiffel. También atrae mucho turismo la curiosa estación de San Bento con sus bonitos azulejos y la archiconocida librería Lille. Sólo por eso merecería la pena una visita, pero si le sumamos la irresistible comida, el Duero que baña toda la ciudad y sus imponentes puentes, además de todos los rincones Iglesias y museo que esconde la ciudad, es una visita obligada.

Para ser una ciudad tan pequeña ofrece una variada y gigante oferta cultural y turística.


Día 1

Una buena opción para comenzar nuestra visita por Oporto es la Catedral, ya que ahí hay una oficina de Turismo por si queremos preguntar precios y horarios, ya que muchos museos cierran los días de fiesta. Además podemos comprar la Oporto Card para ahorrarnos unos Euros si visitamos muchas cosas, aunque la verdad, es un poco difícil porque te da diferentes descuentos en los diversos museos y no sabes al final si ahorras o gastas más.

Una vez vista la catedral, podemos dirigirnos a la Estación de Sao Bento. De allí subiremos por la calle 31 de Janeiro hasta la Capella de las Almas para contemplar sus azulejos exteriores.

De allí podemos seguir la calle Santa Catarina, típica calle comercial por si queremos comprar algo o simplemente dar un paseo. Estar atentos al famoso café Majestic y a la tienda de Bolhao (la de la fachada bonita).

Cuando hayamos recorrido la calle podemos ir a Mercado de Bolhao. Atención que no es la Boquería, aquí se respira decadencia pura. En otra ciudad sería un anacronismo, en Oporto es un mercado más a punto de caerse, con decenas de Puntales asegurando la estructura y comercios a medio gas. Curiosa el café moderno decorado estilo ikea que no pega allí de ninguna manera, y menos los turistas con las copas de vino entre viejas vendiendo fruta. Eso sí, hay que verlo.

De allí al ayuntamiento hay dos pasos. No tiene mucho que ver pero es una avenida con bastante vida, algunos bares y tiendas, y además podemos echar la típica foto de la fuente con el ayuntamiento detrás.

Ahora iremos a la torre dos clérigos, no sin antes pasar por la librería Lille. Si tienes suerte y no hay mucha cola podrás disfrutar del olor a madera y a libro. Al lado está la Torre dos Clérigos, otro de los monumentos más famosos de la ciudad, al cual podemos subir para contemplar las vistas. Sólo dos Euros. Cuidad que son unos cuantos escalones y el lugar es bastante estrecho, pero vale la pena.

Seguramente ya será hora y tendremos hambre. Puede ser un buen momento para parar antes de ir al Palacio de la Bolsa, al que accederemos desde la torre dos clérigos, bajando por el monasterio, pasando por el bonito y descuidado mirador de la iglesia Vitoria, hasta bajar por esas calles dejadas de la mano de dios hasta el Palacio de la Bolsa.

Después del Palacio, podemos visitar la cercana iglesia de San Franciscos, o al menos ver la entrada que ya merece la pena. Después, si hace buen día se puede coger el tranvía antiguo hasta la desembocadura del Duero. El tranvía es bonito y una bonita experiencia atrás en el tiempo, 2.5 euros, e incómodo. Para volver recomiendo el autobús, el número 500. Otra opción es ir hasta el bonito parque da Cidade, y bajar por las playas hasta la desembocadura de Duero y volver en el tranvía. Todo depende del tiempo que haga y las ganas que tenga cada uno.

Si es tarde igual ya es hora de ir a cenar. Sino es hoy mañana, hay que ir a ver el atardecer al puente Eiffel, en la pasarela de arriba, a la que puede ir caminando desde la Catedral. Antes de llegar al puente se encuentra la curiosa iglesia de Santa Clara y un poco más adelante podemos contemplar la bien conservada muralla que rodeaba y rodea la ciudad.

Una vez encima del puente podemos observar los colores que deja el atardecer en el Duero y en los tejados de la ciudad. Ahora sí, a cenar, por ejemplo una franceshina. Si aún tenemos ganas podemos salir a tomar algo por las tres calles paralelas que hay al lado de la torre dos clérigos, que tienen varios de los locales de marcha más famosos de la ciudad.

– Día 2

El día de ayer fue bastante completo, y ya no es que quede demasiadas cosas, al menos de las imprescindibles por ver. A no ser que haya algún museo en concreto que te interese, mucha fama tiene el museo Serralves de arte moderno, el día de hoy será mucho más tranquilo.

Podemos empezar cruzando otra vez el puente Eiffel, aunque si estás muy vago puedes coger el tranvía desde Trindade. Ya sé que en el día de ayer ya pasamos por el puente, pero se ve muy distinto por la mañana que en el atardecer. En Vilanova de Gaia podemos subir a la Iglesia que queda a la izquierda para contemplar las vistas, ya que nos da un poco más de altura y visión que el puente.

Ahora bajaremos a la orilla de Vilanova de Gaia. Podemos hacerlo en el funicular por hacerlo bonito, o andando par ahorrarnos el viaje, ya que son escasos dos minutos.

Allí podemos ir a cualquiera de las bodegas que hay. Bien preguntamos en información o en los mapas gratuitos vienen los puntos marcados. Hay algunas bodegas que son gratis, otras cobran entre 2 y 5 euros y básicamente te enseñan la bodega, el proceso de elaboración del vino, las miles de barrica que tienen junto con un ohhh, un pequeño museo que tienen y al final se hace cata de vinos o vinos y algo de embutido, que es a lo que va la gente. Eso al gusto del consumidor, al final son muy parecidas. Lo mejor es preguntar horarios y cuando hay visita en Español para poder organizarse.

Al salir podemos tomar algo por esa misma orilla o cruzar a la de Oporto, esta vez por la pasarela inferior del puente, y bien comer por ahí (no lo recomiendo, pero ya se sabe, muchos turistas lo prefieren) o tomar algo y comer en otro lado. Básicamente ya hemos visitado todo lo imprescindible de Oporto. Bien podemos ir a algún museo o al parque da cidade, o tomarnos el día anterior algo más relajado y visitar lo que nos quedó, o simplemente pasear por las calles de la ciudad, descubrir rincones, iglesias o cafés con encanto, y porque no decirlo, esperar a la noche para comernos otra franceshina!