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El día que casi me la lían los checos

Hace exactamente dos años que hice mi un pequeño viaje por la República Checa y Hungría. Un viaje que sin duda recomiendo a todo el mundo. De hecho, pasarse unos 10-12 días entre Praga, Bratislava, Viena y Budapest tiene es una delicia. Cuatro capitales Europeas impresionantes, todas cerca, baratas, muy baratas, con miles de cosas para visitar, y sobre todo muy cerca. Tan cerca que Bratislava y Viena son las dos capitales Europeas más cercanas, apenas 70km.

Pero a lo que íbamos. El viaje consistía en llegar al aeropuerto de Brno, conocido por el circuito de motociclismo, ya que allí había un vuelo muy barato. De allí ir a Praga, pasar 3 días, y de allí coger un tren hasta Budapest, verlo otros tres días, volver a Brno en autobús y otro avión para casa. Un poco paliza, pero estaba muy interesado en ver esas dos ciudades, salía muy barato, y coincidían fechas, trenes, aviones. Vamos, un viaje express perfecto.

Llegué a Brno, lo vimos unas horas y fuimos hacia Praga. Praga impresionante. Vi las cosas típicas, todo muy bonito, comida barata, pintas más baratas que el agua del grifo… El paraíso. Cogí un tren de unas 7 horas hacía Budapest. Llegué a Budapest, me comí la Pizza más barata de mi vida, que no más buena. Que si el castillo, el puente, una delicia.

La mejor manera de ir desde Budapest a Brno era en autobús. Muy barato, y unas cuatro horas. Había mirado en la página de Eurobus, y salía uno a las cuatro de la tarde. Que bien, llegaba a Brno a las ocho, dormía en un hostalillo y por la mañana el avión.

Para mi sorpresa, y casi más para la de mi acompañante, el autobús no existía. Pero oiga, señora, que en su web pone que hay un autobús a esta hora. A mi no me la cuente. Y tenemos que coger un avión… Yo no se nada. Pues vaya. Mira, si quieren tienen uno a las 22:30, que llega sobre las 3:00 a Brno. Vale, no nos queda otra, el avión no espera por nadie, así que deme esos billetes calentitos.

Todo pintaba entre mal y muy mal. Pintó peor cuando subimos al autobús, y solo había dos sitios libres. El autobús venía de algún punto del este de Europa que no quise averiguar. Había un sitio delante, y otro detrás. Y entre ellos una marea de tíos gordos grandes y feos, sudorosos, ruidosos y bebedores, recién sacados de la última ornada de tópicos borrachos del este. O así es como lo recuerdo. Menudo viajecito. Por lo menos echaban The Big Bang Theory en la televisión, subtitulado en un perfecto Húngaro.

Uis, que bien, ya son casi las 3 a.m. Que alegría, llegamos a Brno, dormimos un poco, y a casita.

Inciso.

Los que hayáis reservado hostales por Internet de dudosa categoría y reducido precio, sabréis como funcionan estas cosas. A veces duermes en un piso en el que uno te deja la llave, pero igual no está ese uno, y te deja la llave la prima. O directamente tienes que llamar a su casa, te abre la mujer en bata y te pasa a la habitación de atrás. Cuando quieres ahorrar en alojamiento te encuentras cosas un poco raras. Pero bueno, suelen ser gente amable, y te piden que les envíes un mail, para ver a que hora llegas y darte buen servicio, o porque no tienen recepción y si llegas tarde, te quedas en la calle. Siempre te responden, pero curiosamente, los de este hostal no respondieron a nuestros insistentes mails. Entre eso, y que llegábamos tarde, muy tarde, todo pintaba mal.

Seguimos. Oh que bien, Brno. Para el bus. Pero oiga, esto no es Brno ni es una mierda, esto es un polígono y aquí yo no veo nada. Brno Brno Brno y baje si quiere, que yo me voy. Todo esto supuse que me dijo el amable conductor, en un checo de libro, de la real academia de Praga, porque de Ingles… Vale vale, ya me bajo. ¿Y ahora? ¿Esa luz de ahí será Brno? ¿Que te apuestas a que hay más de 5km? Pues nada, parecía aquello un entierro, 6 o 7 yendo hacia la luz lejana, en fila de a uno, como en el exilio.

Gracias a Dios, siempre hay algún Español Erasmus para salvarte el pellejo. O no. Y ahí es, tras años de odiar los gritos de los españoles cuando viajas, lo oyes. Joder, que idioma tan bonito. Disculpa disculpa. ¿Vamos por aquí bien a Brno, no? Pues no sabría decirte, nosotros vivimos allí pero es la primera vez que nos dejan en el polígono este hediondo. Ok. Pues seguimos a esos dos que tienen pinta de ser del este.

Que alegría, tras 15 minutos, llegamos a Brno. ¿Y ahora qué? No tengo dinero Checo, no hay un cajero por aquí, no sé llegar al hostal. Mira, un cajero. Mira, sablazo de comisión. Vamos a buscar un taxi. Brno para arriba, Brno para bajo.

Inciso.

República Checa. Noviembre. 3:15 a.m. Frío. Oscuro.

¡Un taxi! Hi. Ahoj! Dobrou noc! (Hola! Buenas noches, en Checo, este había estudiado en el mismo sitio que el del autobús, muy clarito todo). La madre… aquí no sabe inglés ni dios… Mira, nos llevas a este hostal, en esta calle… La de Dios, dice algo de hostal, o yo que sé. Tras cinco minutos de conflicto de si nos lleva o no, parece que sí. Venga. No enciendas el taxímetro. ¡Pa` qué! Si me vas a timar, y me voy a dejar timar, que no son horas. Aquí. ¿Aquí?. ¿Y el hostal? Aquí y trae la pasta, dame tres de esos billetes (eso entendí, mas o menos). Toma, coge cuatro, que no me acuerdo cuanto es el cambio.

Y ahora estoy yo aquí, con la mochila al hombro, sin un triste mapa, en una calle desierta, jodido de frió  y eso tiene menos pinta de ser un hostal… A la que llamo a esa puerta el taxi se pira. Toc, Toc, Toc. Mmmm. Mmmm. Va a ser que no. Pues vaya. ¿Y ahora dónde queda el centro? 100 Euros a que no llego sin mapa. ¿Ruta turística nocturna por Brno a ver quién encuentra antes la estación de tren?

Para las 5 o cinco y cuarto, siguiendo más o menos la posición de una iglesia que me sonaba, conseguimos llegar al centro. Y allí había, un chino. No. El Chino. El chino más turbio que he visto en mi vida. Me pedí un Nestea, porque lo demás no tenía pinta de muy comestible. Esperamos. Amaneció. Cogí un bus. Cogí un Avión. Cogí otro bus. Cogí otro tren. Cogí un tranvía. Llegue a casa a las 19:00. Dormí 22 horas seguidas.

Y eso…