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Cómo llegar a Machu Picchu y no morir en el intento

Supongo que en el top de todo viajero y de toda persona que no arrastre su alma tristemente sobre la tierra deseará ir, al menos por una vez a Machu Picchu. Yo no iba a ser menos y así de contento estaba, tan contento que casi ni llego.

Y resulta que subir hasta Machu Picchu es un coñazo enorme. No por falta de medios, sino porque el gobierno peruano se aprovecha de que todo el mundo que esté allí tiene que ir a verlo, y vas a ir a verlo sí o sí.

Básicamente hay una forma de ir a Machu Picchu. Es coger un tren que te lleva a Aguas Calientes, que es un pueblo que está a 15 minutos de Machu Picchu. ¿Cuál es el problema? Que no es una opción ya que puedo decir sin dudar que es el tren más caro por kilómetro del mundo ya que el trayecto vale entre 70 y 120 dolares el billete normal, esto es entre 53 y 90 euros, por un trayecto de muy pocos kilómetros. Así que descartamos esta opción. Además se podría pensar que el dinero se lo quedan los peruanos, pero este tren debe ser operado por inversores extranjeros…

Otra opción mucho más trascendental y todavía más cara es hacer el Inca Trail. Lo que se supone que es el camino por el que ascendían los Incas. Pues ve preparando la cartera, porque está prohibido hacer este camino por libre, tienes que ir con guía y con un permiso especial. Los he visto de varios precios, pero de 350-400 dolares no baja ninguno por el Inca Trail clásico de 4 días. Otra opción descartada.

¿Y que nos queda?

Pues la otra opción más asequible y normal es… Coger una furgoneta en Cusco hasta o ir en transporte público + taxis hasta la hidroeléctrica. Lo primero, ¿Qué es la hidroeléctrica? Pues es un central hidroeléctrica en medio de la nada que está conectada por unos railes de tren hasta Aguas Calientes (el pueblo al lado de Machu Picchu).

¿Cuál es el problema? Llegar hasta la hidroeléctrica cuesta más de 6 horas, y de la hidroeléctrica tienes que ir andando por las vías de tren hasta aguas calientes, sumándole un poco más de dos horas. En total unas 10 si no tienes imprevistos… Eso sí, el viaje te puede salir por unos 40 soles, unos 10 euros, comparado con los 60 (solo de ida) del tren, que lo hace en 3 horas. Consejo: Coge la furgoneta sin entrada ni hostal, ya que te intentarán timar.

Lo mejor y más barato para llegar a Machu Picchu es sin duda coger una furgoneta de Cuzco por unos 40 soles hasta la hidroeléctrica y de ahí ir andando. Dormir en Aguas Calientes y subir sobre las 5am a Machu Picchu para ver el amanecer y no coincidir con mucha gente. ¿Problemas? Pues todos los del mundo. Sobre todo que en Perú llueve mucho en época de lluvias. Tiene eso, que 6 meses no llueve nada, y otros 6 llueve todo.

6:30 am. Me levanto, cojo la furgoneta. A las 10 paramos para desayunar. Todo guay, risas, buen rollo, viajeros hipervitaminados que quieren ver Machu Picchu y contarlo en su vuelta a Europa…

11 a.m. ESTO:

Os hago un spoiler, 5 horas después se veía más o menos lo mismo.

Sí, eso, queridos hermanos fue una carretera en algún momento del pasado. Ahora era esa especia de río profundo donde intentaban pasar camiones revolucionando a tope, donde se quedaban atascados y palas les empujaban por detrás, donde cientos de peruanos vitoreaban cuando la pala parecía que se caía al precipicio, entre chillos de “déjamela a mí que no tienes ni puta idea” con su respectivo deje sudamericano. ¿Problema?

No se podía ir ni para detrás ni para adelante. Pasar a pie no era una opción ya que bajaba buena riada. Esperamos. 12 am, 1pm, 2pm, 3pm, 4pm. Vale, nos dimos cuenta de que eso no se iba arreglar. Había que pasar con las mochilas y tratar de encontrar algún amable paisano que nos llevara hasta la hidroeléctrica. Y sino… pues dormir en algún lado, porque estábamos ahí en medio de la nada. ¿Quién viene? Y fuimos reclutando viajeros por el camino. Los de nuestra furgoneta no querían cruzar, así que empezamos una italiana y yo la sesión de reclutamiento y cogimos dos alemanes por el camino, 2 coreanos y 2 japoneses, un chino que no hablaba ni español ni ingles y unos cuantos chilenos, y un par de argentinos que había por allí.

Cruzamos la riada, ya eran alrededor de las 18:00. Tuvimos suerte de encontrar más o menos pronto una furgoneta que nos llevara a la hidro, por un precio razonable. Así que allí íbamos, de risis porque todo había “terminado”, cerveza en la furgo y caras de alegría porque al final íbamos a ver Machu Picchu. Las risas se entrecortaron cuando nuestro amigo amable conductor decidió ir a toda hostia, pero a toda toda hostia por unas carreteras más o menos donde cristo perdió el mechero, con unos cortados que quitaban el hipo y una gravilla que daba entre poca y nada confianza. La cara del alemán de mi izquierda era un poema. Me decía… ¿esto no hay en Europa no? ¿Es impensable?

Llegamos a la hidroeléctrica, sobre las 21 o 22. Ya era de noche oscuro, y no teníamos ni idea de para done ir. Encontramos la vía del tren, y claro, empezó a llover como si no hubiera mañana, pero llover bien, bien, bien. Se supone que el camino entre la hidroeléctrica y Aguas Calientes son entre 2 y 3 horas, de noche, esquivando agujeros en las vías y lloviendo a cántaros son más.

Justo después de estas fotos comenzó a llover…

Ah, y el momento.

Creo que eran alrededor de las 12. Había que buscar hostal, que esa es otra. Y allí no había ni Peter. Encontramos algo decente y barato, con desayuno por 25 soles (6 euros) y allí que fuimos el japones, la italiana un chileno y yo. Y recordáis al chino que no sabía ingles ni español. Pues tenía un hostal cogido pero no sabía donde, y allí estaba en la calle sentado, que nos había seguido. Otra media hora para encontrarle al señorito de Hong Kong su alojamiento. Y llego al hostal, y resulta que el chileno quería palique sobra la crisis. Amigo, mañana tocan diana las 4:30 y son la 1:30 y no hemos tenido el mejor día del mundo.

A las 5 tocaba subir a Machu Picchu y otro error más que cometí. Decidí subir andando por ahorrarme los 20 dolares que cuesta el autobús. Error tras error. En foros ponía que era una horita o así. Hoy pagaría 20 dolares y 200. No se exactamente el tiempo, yo juraría que al menos hora y media a buen ritmo y dos cantimploras de agua después y una reventada curiosa llegué al destino. Ya solo quedaba apoquinar los 40 euros de la entrada (ya los había pagado, porque hay que reservar) pero aún así 40 euros duelen.

Y nada, a falta de hacer un post algún día sobre Machu Picchu, ya que este se me fue de largo, os dejo una foto de lo que vi tras el via crucis. Y mereció la pena…

P.D.: Cuando llegué a Machu Picchu había una niebla densa densa, que podía haber sido ya el colmo para no ver nada. Gracias a todos los dioses Quechua levantó y pude disfrutar. Porque ya hubiese sido…

Santiago

Santiago huele a historia. Sus calles se cruzan y entrecruzan todas en una hasta llegar a la plaza del obradoiro. En sus pequeños recobecos, con un empedrado perpetuo que recuerda a tiempos pasados. Caminando solo, alguien pasa por una calle paralela, y escuchas los pasos que se alejan. Y sabes que tiene algo. Ese sonido que solo logran las películas y las calles estrechas de esta imponente ciudad.

El tiempo no corre por las paredes de Santiago. Se ha parado en algún punto de la edad media y no la deja escapar. Las esquinas suenan a gaita, a un sitar, a una flauta resbaladiza o a un tuno que perdió su banda. Gente pidiendo entre piedras que han visto pasar monturas desbocadas que iban implorar perdón a alguna de las iglesias que salpican toda la ciudad.

Pasear por Santiago tiene truco, parece pequeño pero es eterno. No es necesario un mapa porque siempre acabarás en la majestuosa catedral, inerte al paso de los siglos, resquebrajada por tantos flashes y rezos. Cuando le cae el atardecer coge ese color que solo puede coger una iglesia en Santiago, el de la piedra desgastada golpeada por una luz que se va para volver, seguramente, al día siguiente. La catedral y todos los templos se vuelven rojos, del color del cielo, y las gárgolas apostadas en lo alto de los edificios parecen cobrar vida.

Cuando llueve las piedras resbalan, y el agua corre calle abajo, en una ciudad única. Cuando cae la noche, todo cambia. El cielo encapotado se torna negro, los vendedores recogen sus macutos y la gente comienza a desaparecer. La muchedumbre deja paso a las piedras vacías, a huecos en sombra que cuentan historias de santos y meigas, a viejas encorvadas que se recogen, camino de su casa, y mascullan entre dientes el paso del tiempo.

Por las calles de Santiago van y vienen los secretos, con el golpeo característico de la gente del lugar, más despacio y seguro que el de los turistas nerviosos. Los zapatos encajan con las grandes losas de piedra, la gente se abriga el cuello para protegerse del frío que lleva el viento que lleva voces que dicen cosas.

Y así termina Santiago. Despidiéndote con la mano agachada porque sabe que volverás. Porque sabe que un día querrás volver.


 

El día que casi me la lían los checos

Hace exactamente dos años que hice mi un pequeño viaje por la República Checa y Hungría. Un viaje que sin duda recomiendo a todo el mundo. De hecho, pasarse unos 10-12 días entre Praga, Bratislava, Viena y Budapest tiene es una delicia. Cuatro capitales Europeas impresionantes, todas cerca, baratas, muy baratas, con miles de cosas para visitar, y sobre todo muy cerca. Tan cerca que Bratislava y Viena son las dos capitales Europeas más cercanas, apenas 70km.

Pero a lo que íbamos. El viaje consistía en llegar al aeropuerto de Brno, conocido por el circuito de motociclismo, ya que allí había un vuelo muy barato. De allí ir a Praga, pasar 3 días, y de allí coger un tren hasta Budapest, verlo otros tres días, volver a Brno en autobús y otro avión para casa. Un poco paliza, pero estaba muy interesado en ver esas dos ciudades, salía muy barato, y coincidían fechas, trenes, aviones. Vamos, un viaje express perfecto.

Llegué a Brno, lo vimos unas horas y fuimos hacia Praga. Praga impresionante. Vi las cosas típicas, todo muy bonito, comida barata, pintas más baratas que el agua del grifo… El paraíso. Cogí un tren de unas 7 horas hacía Budapest. Llegué a Budapest, me comí la Pizza más barata de mi vida, que no más buena. Que si el castillo, el puente, una delicia.

La mejor manera de ir desde Budapest a Brno era en autobús. Muy barato, y unas cuatro horas. Había mirado en la página de Eurobus, y salía uno a las cuatro de la tarde. Que bien, llegaba a Brno a las ocho, dormía en un hostalillo y por la mañana el avión.

Para mi sorpresa, y casi más para la de mi acompañante, el autobús no existía. Pero oiga, señora, que en su web pone que hay un autobús a esta hora. A mi no me la cuente. Y tenemos que coger un avión… Yo no se nada. Pues vaya. Mira, si quieren tienen uno a las 22:30, que llega sobre las 3:00 a Brno. Vale, no nos queda otra, el avión no espera por nadie, así que deme esos billetes calentitos.

Todo pintaba entre mal y muy mal. Pintó peor cuando subimos al autobús, y solo había dos sitios libres. El autobús venía de algún punto del este de Europa que no quise averiguar. Había un sitio delante, y otro detrás. Y entre ellos una marea de tíos gordos grandes y feos, sudorosos, ruidosos y bebedores, recién sacados de la última ornada de tópicos borrachos del este. O así es como lo recuerdo. Menudo viajecito. Por lo menos echaban The Big Bang Theory en la televisión, subtitulado en un perfecto Húngaro.

Uis, que bien, ya son casi las 3 a.m. Que alegría, llegamos a Brno, dormimos un poco, y a casita.

Inciso.

Los que hayáis reservado hostales por Internet de dudosa categoría y reducido precio, sabréis como funcionan estas cosas. A veces duermes en un piso en el que uno te deja la llave, pero igual no está ese uno, y te deja la llave la prima. O directamente tienes que llamar a su casa, te abre la mujer en bata y te pasa a la habitación de atrás. Cuando quieres ahorrar en alojamiento te encuentras cosas un poco raras. Pero bueno, suelen ser gente amable, y te piden que les envíes un mail, para ver a que hora llegas y darte buen servicio, o porque no tienen recepción y si llegas tarde, te quedas en la calle. Siempre te responden, pero curiosamente, los de este hostal no respondieron a nuestros insistentes mails. Entre eso, y que llegábamos tarde, muy tarde, todo pintaba mal.

Seguimos. Oh que bien, Brno. Para el bus. Pero oiga, esto no es Brno ni es una mierda, esto es un polígono y aquí yo no veo nada. Brno Brno Brno y baje si quiere, que yo me voy. Todo esto supuse que me dijo el amable conductor, en un checo de libro, de la real academia de Praga, porque de Ingles… Vale vale, ya me bajo. ¿Y ahora? ¿Esa luz de ahí será Brno? ¿Que te apuestas a que hay más de 5km? Pues nada, parecía aquello un entierro, 6 o 7 yendo hacia la luz lejana, en fila de a uno, como en el exilio.

Gracias a Dios, siempre hay algún Español Erasmus para salvarte el pellejo. O no. Y ahí es, tras años de odiar los gritos de los españoles cuando viajas, lo oyes. Joder, que idioma tan bonito. Disculpa disculpa. ¿Vamos por aquí bien a Brno, no? Pues no sabría decirte, nosotros vivimos allí pero es la primera vez que nos dejan en el polígono este hediondo. Ok. Pues seguimos a esos dos que tienen pinta de ser del este.

Que alegría, tras 15 minutos, llegamos a Brno. ¿Y ahora qué? No tengo dinero Checo, no hay un cajero por aquí, no sé llegar al hostal. Mira, un cajero. Mira, sablazo de comisión. Vamos a buscar un taxi. Brno para arriba, Brno para bajo.

Inciso.

República Checa. Noviembre. 3:15 a.m. Frío. Oscuro.

¡Un taxi! Hi. Ahoj! Dobrou noc! (Hola! Buenas noches, en Checo, este había estudiado en el mismo sitio que el del autobús, muy clarito todo). La madre… aquí no sabe inglés ni dios… Mira, nos llevas a este hostal, en esta calle… La de Dios, dice algo de hostal, o yo que sé. Tras cinco minutos de conflicto de si nos lleva o no, parece que sí. Venga. No enciendas el taxímetro. ¡Pa` qué! Si me vas a timar, y me voy a dejar timar, que no son horas. Aquí. ¿Aquí?. ¿Y el hostal? Aquí y trae la pasta, dame tres de esos billetes (eso entendí, mas o menos). Toma, coge cuatro, que no me acuerdo cuanto es el cambio.

Y ahora estoy yo aquí, con la mochila al hombro, sin un triste mapa, en una calle desierta, jodido de frió  y eso tiene menos pinta de ser un hostal… A la que llamo a esa puerta el taxi se pira. Toc, Toc, Toc. Mmmm. Mmmm. Va a ser que no. Pues vaya. ¿Y ahora dónde queda el centro? 100 Euros a que no llego sin mapa. ¿Ruta turística nocturna por Brno a ver quién encuentra antes la estación de tren?

Para las 5 o cinco y cuarto, siguiendo más o menos la posición de una iglesia que me sonaba, conseguimos llegar al centro. Y allí había, un chino. No. El Chino. El chino más turbio que he visto en mi vida. Me pedí un Nestea, porque lo demás no tenía pinta de muy comestible. Esperamos. Amaneció. Cogí un bus. Cogí un Avión. Cogí otro bus. Cogí otro tren. Cogí un tranvía. Llegue a casa a las 19:00. Dormí 22 horas seguidas.

Y eso…